FAMOSA EN LA WEB CONTRA SU VOLUNTAD
Imagina que tienes 18 años. Eres una chica atractiva, con un cuerpo
atlético y que, además de ir a clase, haces
deporte. Un día metes tu
nombre en Internet, y te das cuenta de que eres una estrella. Hay decenas,
centenares de páginas con fotos tuyas. Son imágenes de los torneos en los
que compites, pero los comentarios no son precisamente de ánimo. Un
ejemplo: "Me masturbo pensando en ella. Ojalá su vida se vaya al carajo
por una lesión y termine haciendo cine porno". Y luego te enteras de que
miles de personas han puesto tu foto como fondo de escritorio en sus
ordenadores, y luego... Bueno, ¿cómo te sentirías?
Allison Stokke está enfadada, según cuenta The Washington Post. Esta
estudiante californiana es una estrella del sitio de vídeos en Internet
YouTube, tiene una página web de fans con más de 1.000 personas inscritas
y más de medio millón de resultados si se busca su nombre en Google. ¿Qué
ha hecho para merecer esa fama? Nada. O al menos nada voluntario.
Stokke practica el salto con pértiga. Aún en el instituto, conquistó en
2004 el título estatal de ese deporte, y rompió cinco récords nacionales.
Su prometedora carrera la ha hecho merecedora de una beca de la
Universidad de California.
Un día recibió un puñado de correos electrónicos de sus
amigos, que la avisaban de que una de sus fotos estaba inundando Internet.
Una página de fans recibió más de un millar de comentarios. Un vídeo de
tres minutos en el que aparecía a punto de saltar tenía ya más de 150.000
visitas. En unas semanas, Stokke, cansada de que su teléfono no dejara de
sonar (no sólo fans; las peticiones de entrevistas llegaban de periodistas
de todo el país e incluso de otros como Brasil), pidió ayuda a expertos
para frenar esa bola de nieve.
Su ejemplo ilustra el poder de Internet en nuestro tiempo. Todo comenzó
cuando un usuario de un foro sobre fútbol americano en California subió a
la página una foto de la chica. El responsable de un popular blog
deportivo de Nueva York (con un millón de visitas al mes) se topó con la
imagen y decidió publicarla. De allí saltó a otros cuadernos de bitácora,
y en unos días cientos de miles de usuarios de Internet ya habían visto su
cara en sus ordenadores.
Ahora a Stokke la reconocen en las cafeterías de su pueblo. Se le quedan
mirando. Y ella tiene miedo. Nunca se queda sola en casa. Cierra la puerta
con llave. Su padre, abogado, se pasa las tardes rastreando Internet en
busca de posibles delincuentes sexuales interesados en su hija.
"Puede que
todo esto no sea ilegal, pero resulta humillante", se queja Stokke. "Me esfuerzo
tanto con el salto de pértiga y es casi como si no importara. Nadie se da
cuenta. Nadie me ve de verdad", concluye.
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