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Inicio : Chistes : automovilisticos Un señor siempre acostumbraba a quedarse sin gasolina, y tenía la costumbre de estacionarse atrás de un coche y succionar con una manguera la gasolina del coche. En una ocasión ya muy entrada la noche, en la carretera, el chupagasolina se volvió a quedar varado. A unos cuantos metros se encontró una casa rodante y como es costumbre sacó su manguera y se puso a succionarla, pero tuvo problemas al hacerlo, después de media hora de intentarlo se le acercó el dueño de la casa rodante y le preguntó: ¿Qué está haciendo? El chupagasolina contestó: Lo que pasa es que necesito gasolina. El señor respondió: Está bien, tome toda la que quiera. Al momento en que volvía a succionar en la manguera, el señor asustado exclamó: ¡Nooooooooo, esa es la cisterna
de mi baño! Una vez un hombre estaba leyendo el periódico y vio un anuncio que decía, "Se vende un auto deportivo en US $500". El hombre se sorprendió y de una vez fue a la dirección indicada para ir a ver el carro. Cuando al fin encuentra la casa, encontró que era una mujer la que estaba vendiendo el carro. Ella lo lleva a ver el carro, ve que el carro se ve en muy buenas condiciones y le pide probarlo para asegurarse de que sí lo está. Lo prueba y ve que el carro está estupendamente bien. A esto ya le estaba matando la curiosidad y le pregunta a la mujer: ¿Por qué está vendiendo un carro tan caro en solo $500? Ella muy complacida le contesta: Lo que pasa, es que mi esposo y
yo nos acabamos de separar. El me dijo que me podía quedar con todo menos
el carro, que le hiciera el favor y se lo vendiera y luego le mandara el
dinero. Un conductor va por una calle en vía contraria, el policía lo manda a parar y le dice: ¿Hacia dónde vas? El conductor contesta: Iba para una reunión, pero parece que se acabó, porque todo el mundo viene. Se descompone el automóvil de un hombre en un camino cerca de un poblado. Abre el cofre y empieza a buscar el desperfecto. En eso se oye una voz que dice: ¡Es el distribuidor! Voltea y no ve a nadie, sólo a un caballo que estaba al lado del camino, y sin más sigue buscando el desperfecto. Y otra vez se oye la voz: No hay duda, es el distribuidor, está flojo el distribuidor. Antes de que terminara de oírse la voz voltea el hombre, y ve sorprendido que el caballo era quien estaba hablando. Y haciéndole caso al caballo arregla el distribuidor, y arranca hasta llegar una cantina del poblado. Dirigiéndose al cantinero le dice: ¿Me da un wisky?, no me va a creer lo que me pasó en el camino, se me descompuso mi carro, y un caballo negro me habló. El cantinero sin desconcertarse le responde: ¡Que bueno, porque el caballo blanco no sabe nada de mecánica! Una noche, Clementina va conduciendo a su casa cuando se desata una tremenda granizada que deja su coche lleno de abolladuras. Al día siguiente lleva el vehículo al taller para que le hagan un presupuesto de reparación. El mecánico le hace un guiño a su compañero y le dice a Clementina que si sopla con fuerza por el tubo de escape, las abolladuras desaparecerán. Al llegar a su casa, Clementina se pone a soplar con todas sus fuerzas por el escape del coche. En eso llega la amiga con quien comparte la vivienda y le pregunta qué está haciendo. Clementina le explica lo que le dijo el mecánico. Pero no da resultado, añade, haciendo una pausa para tomar aliento. ¡No seas tonta!, le dice su
amiga, ¡primero tienes que cerrar las ventanillas!
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