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Inicio : Chistes : De matrimonios Viene un señor caminando por la calle con los pies chuecos, todos doblados, caminando con mucha dificultad y se encuentra con un amigo: Carlitos, ¿Cómo estás? ¡Tanto tiempo! ¡No me digas!, ando muy mal, mi mujer me dejó, se fue con mi mejor amigo, se llevó los niños y me dejó en la calle. Se llevó todo el dinero de mi negocio, realmente me dejó en la ruina. La verdad que no lo puedo creer Carlitos, y veo que tuviste problemas físicos. No, ¿Por qué? ¿Pero Carlitos, por que caminas así? Ah, los pies, es que yo calzo zapatos tamaño 42. ¿Y?, Carlitos. Los zapatos son tamaño 37. ¿Y por qué? Porque la única satisfacción
que me queda, es llegar a casa y sacarme los zapatos. El señor Pérez llega a la oficina con una hora de retraso y le explica a su jefe: Perdóneme, pero mi mujer me ha dicho esta mañana que esperaba un niño, comprenderá... Bueno, dice el jefe, siendo así, ¿Y de quién sospecha? Fue un divorcio amistoso y dividimos la casa en partes iguales. Mi esposa se quedó con lo de dentro. Existía un marido al que siempre lo regañaba su mujer porque llegaba a altas horas de la madrugada y acompañado de varias copas de más. Un día de esos, el hombre se dirigía a su casa (bastante borracho) y al pasar al lado de un jardín vio varios caracoles de tierra que se alimentaban, se agachó y se echó al bolsillo un puñado de estos animalitos. Cuando llegó a su casa y en el momento que habría la puerta, sacó los caracoles y los dejó en el suelo empujándolos por el pasillo con ambas manos, justo en el momento en que sale al encuentro su mujer comenzando el regaño correspondiente y con un palo en la mano, éste con voz alta y seria le habla a los caracoles: Apúrense, no ven que por culpa de ustedes me están regañando. Cariño, cuando cumplamos nuestras bodas de plata te voy a llevar a Cancún. ¿Y cuando cumplamos las de oro? Quién sabe, lo mismo te voy a buscar.
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